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domingo 17 de diciembre de 2017
Sociedad

La plaza Independencia se convirtió en un salón de fiesta

26 dic 2016 - Vecinos, en su mayoría personas en situación de calle, compartieron una mesa de 100 metros llena de comida donada por muchos tucumanos

“Pensé que iba a ser una Navidad triste, porque mi marido falleció hace un mes. ¡Encima me quedé sin un peso para un pan dulce, si quiera! Dije ya está ... mi viejito me va a acompañar desde el Cielo. Pero vea como son las cosas ... ”, cuenta con su voz ronca mientras señala la fiesta que la rodea. El pelo blanco, la cara curtida, los ojos vencidos, Anastasia Navarro, imaginaba otra Nochebuena en Villa Amalia, como hace 40 o 50 años. Ella tiene 70. No sabe en qué momento su hija la tomó del brazo y la sentó en la plaza Independencia, en una mesa de 100 metros de largo, que ocupó toda la 25 de Mayo, frente a la Casa de Gobierno. Sí. Es una Navidad diferente. Anastasia ya no puede hablar, solo ríe, celebra la alegría de Brenda, su nieta de nueve años, por la muñeca que le acaban de regalar.

Por segundo año consecutivo Silvina Terán, Francisco Díaz Vázquez y Daiana del Campo, de“Un mundo diferente” convirtieron la plaza central de la ciudad en un salón de fiesta. Hubo música, baile y comida y bebida a granel, que muchos tucumanos donaron para esta “Navidad Diferente”, que reunió a personas en situación de calle, mendigos, abuelos de hogares, personas solas y familias que quisieron compartir con otros esta noche tan especial.

Algunos sacerdotes como los de Santo Domingo, San Francisco, La Merced y la Catedral se acercaron a compartir un rato con la gente. A la vez que el padre Sebastián Sardo(Catedral) ofició la misa de Nochebuena en plena plaza Independencia, frente al pesebre.

“Este año hubo unas mil personas, a diferencia del año pasado, que eran 300, contó Silvina. “Esto se debe a que esta vez hicimos más difusión y recorrimos las calles durante toda la semana, invitando a las personas en situación de calle, a una por una, a sumarse a la fiesta. Lo mismo hicimos en los hogares de ancianos. Y las redes sociales explotaron con invitaciones para colaborar”, dijo sin ocultar su alegría.

¡Tres ...., dos ..., una! Todos esperaron las 12 con los vasos en alto, y en segundos la multitud se confundió en un brindis interminable. Los abrazos duraron varios minutos, aún entre personas que ni se conocían. Una suelta de globos blancos interrumpió los saludos mientras el cielo se encendía con fuegos artificiales coronaron el cielo de miles de colores.

“Una gran familia”

Para algunos esta fue su segunda Nochebuena en la plaza. “Estaba con un amigo que también está solo como yo, y ya estábamos por comprar unos sánguches cuando me acordé. ¿Sabés que vamos a hacer esta noche?, le dije. ¡Vamos a ir a la plaza Independencia! ¡Te va a encantar! No tenés que llevar nada, ahí se comparte”, entusiasmó Mario Elías Salim a su amigo. Y partieron los dos a la plaza. Mario estaba feliz. “Dios no me abandona jamás, ¿sabés? Estoy muy agradecido. Me siento en una gran familia. Parece que todos nos conociéramos desde hace años!” reconoce con los ojos llenos de emoción.

La cumbia explotó en la plaza y todos salieron a mover el esqueleto. Grandes con chicos, chicas con chicas, jóvenes con abuelas y al revés, de a dos, de a tres ... De pronto las sillas se quedaron vacías y todos se concentraron en el centro, al frente del Pesebre de la plaza.

Desde una silla, con su bebé Braian en brazos, Mercedes del Carmen Sarvia, de 22 años, seguía con la mirada la algarabía.

No había imaginado pasar una noche tan divertida y con tantos regalos. Ella tiene tres hijos y pide limosna por las calles. “Andaba caminando y ya me iba a la casa de mi hermana cuando una señora me dice andá a la plaza. Ahí te van a dar de comer”, dice la joven. Ella sonríe y mira a los demás divertirse. ¿Qué querrías que te traiga el Niño Dios en esta Navidad? Ella se queda en silencio unos segundos. Y después con ojos de niña dice: “ropita para mi bebé”.

Por allá hay familias completas que vinieron a acompañar a sus hijos que son voluntarios en esta Navidad diferente. Y hay familias solas, como la de José Sánchez y su esposa Marta Costilla, que fueron a comprar un remedio en la farmacia y se encontraron con la fiesta. No tenían pensado festejar. Pero se dejaron contagiar por la alegría de los demás y se quedaron.

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/

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