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domingo 17 de diciembre de 2017
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Ellas pueden contarlo: cómo se deja a un hombre violento

8 sep 2016 - Mujeres que fueron víctimas de relaciones abusivas advierten sobre la importancia de pedir ayuda; sólo 3 de cada 10 lo comparten

Esta semana Yanila Camila Ríos, de 26 años, publicó en su muro de Facebook su foto con la cara desfigurada después de que su ex pareja la golpeó. Él hoy está detenido. Y aunque cada vez sea más común detectar denuncias en las redes sociales, en los hechos divulgar el abuso sigue siendo la excepción a la regla.

La gran mayoría de las mujeres continúa viviendo la violencia puertas adentro. La esconde. Se calla. Se aísla. Se va pero regresa. Vuelve a confiar. Y el padecimiento continúa.

Según los resultados de la primera encuesta de percepción e incidencia sobre violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja en la ciudad de Buenos Aires, sólo 3 de cada 10 mujeres que experimentaron situaciones de violencia doméstica lo comparten con alguien. Cuando lo hacen, es con una persona cercana, y sólo 1 de cada 10 acude a una institución pública. Corina Fernández y Karina Abregú sufrieron la violencia en carne propia y cuentan que para salir adelante es crítico atreverse a compartir el sufrimiento y pedir ayuda.

¿Cómo se puede salir entonces de una relación abusiva o violenta? Justo cuando el fenómeno crece y el año pasado un total de 286 mujeres fueron asesinadas. Según los registros de la Oficina de Violencia Doméstica, todos los meses se reciben entre 800 y 900 denuncias, y en el 97% de los casos son de violencia psicológica. En el 71% de esos hechos, el agresor es o fue pareja de la víctima.

"No hay un único perfil de mujer que atraviesa estas situaciones. Lo que sí tenemos que decir es que todas las mujeres frente a la violencia se avergüenzan y eso hace que no se animen a hablar de eso. Lo que es importante es mostrar esta diversidad de mujeres para que las que viven violencia se den cuenta de que no son las únicas", sostiene Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM).

Miedo, vergüenza, dependencia económica, las creencias culturales, religiosas y familiares, la ideología del amor romántico, la naturalización del maltrato, la violencia como forma de vida desde siempre. Estos son sólo algunos de los motivos que llevan a una mujer a sostener un vínculo violento.

"En general, adoptan formas de supervivencia al maltrato sin salirse de ese contexto. Carecen de alternativas o «pensamiento lateral», eso recién lo adquieren o entrenan en los grupos de recuperación. Es difícil, porque algunas están tan sumergidas en su burbuja emocional que aunque vean un programa que trata el tema, no les penetra la información", dice Graciela Ferreira, fundadora de la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar.

La trampa del silencio. Ésa es de la que tienen que salir. Evitar que el victimario pueda aislarlas y queden indefensas. Por eso siempre la primera consigna es que hablen, que pidan ayuda, que cuenten.

"Ella o quienes conocen el problema tienen que consultar en organismos especializados. No alcanzan las terapias tradicionales ni los tratamientos individuales. Los grupos de apoyo son muy estimulantes, sustituyen la falta de familia y dan apoyo y seguimiento para que alguien pueda hacer un cambio drástico en su vida", afirma Ferreira.

Itatí Canido, subsecretaria de Promoción Social del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, coincide en que todavía cuesta mucho asumir la violencia y hacerla pública. "Es algo que merma profundamente la autoestima de las mujeres. El círculo de la violencia se retroalimenta por períodos de enamoramiento y de paz, hasta que la mujer está en condiciones de decir basta. Siempre es muy importante pedir ayuda", señala Canido.

A veces el punto de inflexión llega con una golpiza extrema o cuando las violencia alcanza a los hijos. Estos pueden ser disparadores para que la mujer reaccione. "El tema es cómo explicarles que no hay necesidad de llegar a eso. Y que para evitarlo, las agresiones previas son delitos que hay que denunciar", explica Bianco.

Muchos de los indicios de las relaciones violentas arrancan durante el noviazgo. "Son las típicas alertas que aparecen en los primeros meses de relación: celos que atribuís al amor, cuando interfiere en tu privacidad o capacidad de decisión, cuando no te podés vestir como querés, no poder salir con tus amigas", sostiene Canido.

Lo que las paraliza es el miedo al después. Al estar solas. Al no saber dónde van vivir ni cómo. Los testimonios de mujeres que lograron salir de esta situación, muestran que si bien el camino es díficíl, se puede.

Corina Fernández: "Yo estaba muerta en vida"

Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

"La puerta es grande. Yo te mando las fotos de las chicas", le decía Javier Weber a Corina Fernández cada vez que ella planteaba la idea de separarse. Finalmente se animó y su ex pareja la baleó a la salida del colegio de sus hijas.

Hoy convive con dos balas en uno de sus pulmones y Weber murió en la cárcel cumpliendo su condena. La suya es una historia de supervivencia, que fue llevada al cine con el título No me mates. Esta película es el reflejo de lo que atraviesa toda mujer que sufre violencia de género.

Fueron 25 años soportando ataques de ira, exigencias, controles, ser el único sostén económico de la casa.

El día que le dio todos los golpes que nunca le había dado - hasta ahí solo había sido violencia psicológica - fue porque Corina no quiso darle la clave de su computadora. "Me estuvo pegando desde las 16 hasta las 23. Tuvo que venir la policía a sacarme. Yo no me daba cuenta de cuánto me gritaba, tenía naturalizado el maltrato, los gritos, que me tirara un vaso de agua o un plato de fideos. La humillación era permanente. Me tiró del pelo, me empujó contra una pared. La evidencia física es fuerte. Al otro día de la golpiza tenía 22 moretones, la ropa cortada con un cuchillo, mis hijas vieron todo. Nunca más volví con él", cuenta Corina.

En piloto automático. Así define Fernández ese estado en el que estuvo durante años. "La mujer maltratada tiende a tener la autoestima por el suelo. Yo pensaba que tenía la vida terminada, era un alma en pena. Si mis hijas tiraban gaseosa en el suelo, iba atrás limpiando para que él no lo viera".

En abril de 2009, después de la golpiza, hizo la denuncia y se fue a vivir con su madre. Él tenía prohibido acercarse a ella y a sus hijas pero igual lo hacía. Corina hizo 80 denuncias durante un año y medio por hostigamiento telefónico y presencial.

"Te dije que te iba a matar hija de puta", le dijo Weber, hace seis años, antes de darle los tres tiros. Milagrosamente Corina sobrevivió y hoy puede dar testimonio de su lucha. "Lo que le digo a la mujer es pedí ayuda, fortalecete, empoderate, andá armándote antes de hacer una retirada. Empezá a hacer una terapia para entender lo que te está pasando, saber que no sos a la única a la que le pasa. Armá un plan de salida".

Justamente Hay una salida es el nombre que Corina le dio a la fundación que armó para asistir a otras mujeres que atraviesan situaciones de violencia.

"Yo estaba muerta en vida. Tenía 20 kilos más que ahora. Hoy me cambió la vida. El hecho de estar cerca de la muerte te enseña a vivir el presente: ni culpa por el pasado ni ansiedad por el futuro, con la confianza de que todo va a estar bien", concluye.

Karina Abregú: "Hoy me voy a dormir en paz"

Crédito foto: Santiago Cichero/ AFV

Crédito foto: Santiago Cichero/ AFV. Foto: LA NACION

Karina Abregú vivió un calvario. Golpizas, amenazas, violencia psicológica, 15 denuncias policiales y una noche de furia que terminó con más del 50% de su cuerpo quemado. Su ex pareja, Gustavo Albornoz, fue el primer caso con sentencia por tentativa de femicidio agravado en la provincia de Buenos Aires. En abril de este año, fue condenado a 11 años de prisión.

Hoy, a tres años de ese episodio que le marcó la existencia y el cuerpo, Karina tiene una vida mejor. Más tranquila. Más esperanzada.

"Es preferible a veces no tener para comer pero vivir tranquilos. Hoy nosotros valoramos el poder juntarnos en familia, tener un simple almuerzo sin alcohol, sin droga. Termino de comer y me voy a dormir en paz, sabiendo que no estoy durmiendo con el enemigo. Estoy viva y tengo a mi familia, éso es lo único que importa", dice Karina que tiene dos hijos de 22 y 21 años, de una relación anterior.

Con Albornoz compartió 14 años en el infierno. Su alcoholismo y exabruptos estuvieron presentes desde el arranque.

A la hora de pensar en irse, a Karina se le aparecía la dificultad de que compartían el ámbito laboral, y de que ella ya había dejado a un hombre violento: su primera pareja. "Esa vez me fui con lo puesto. No quería volver a revivir la misma situación y empezar de cero. Ya había hablado con él para terminar la relación pero él me decía que si me iba, era sin nada. Y yo necesitaba trabajar para subsistir. Además yo siempre tenía la esperanza de que fuera a cambiar", agrega.

Hasta que en el festejo de Año Nuevo del 1° de enero de 2013, después de una fuerte golpiza, Albornoz la prendió fuego y Karina se salvó porque se tiró a la pileta, sin saber nadar.

Estuvo seis meses internada y pasó por 40 operaciones. Se recuperó, atravesó el juicio y pudo cerrar esa etapa de su vida.

Hoy pone sus energías en su familia, en conseguir un trabajo (está en juicio con la empresa que la echó mientras estuvo internada por sus heridas) y en contar su historia para que otras mujeres puedan salir adelante.

"Hay días en que no tenemos ni para comer y estamos a mate. En dos años y nueve meses no conseguí ni un subsidio. Yo tengo que seguir tomando medicación que no me cubre nadie. Por eso cada vez que voy a dar una charla paso una alcancía para que la gente me ayude con los gastos", cuenta esta mujer de 41 años, que es un ejemplo de resiliencia.

Karina celebra que hoy desde el Estado y la justicia se le esté dando más relevancia al tema. "Las mujeres tienen que denunciar, no tener miedo, no quedarse", concluye.

Tatiana: "Mi familia lo terminó echando de casa"

La primera vez que la dejó llorando después de una discusión, Tatiana ya estaba embarazada. Se conocían hacía solo ocho meses y con el bebé en camino, él se fue a vivir a su casa.

"Enseguida me pidió perdón pero ahí me di cuenta de que tenía mucho carácter", cuenta esta mujer de 38 años, que vive en zona sur y que prefiere no dar su apellido.

A ese carácter inestable después hubo que sumarle un problema de alcoholismo y adicción a las drogas. "Cada vez que volvía de ver a los amigos estaba totalmente borracho. Después cuando se fue a vivir a casa tenía siempre whisky, Fernet y cerveza a mano", agrega.

Tatiana recuerda que lo más violento que tenía eran las resacas matinales. Y que toda la rutina de la casa empezó a girar en torno a sus estados de ánimo. Ella se adaptó totalmente a esta nueva realidad y evitaba todo tipo de conflicto. "Yo era muy funcional. Él me revisaba el celular y los cuadernos. No le gustaban mis amigas. No quería invitar gente pero le gustaba que yo estuviera siempre en casa", cuenta Taiana.

No hubo violencia física explícita, pero sí algún sacudón contra la pared o revoleo de cosas. Lo más común eran los gritos, el control permanente, la subestimación sin fin.

Tatiana, que en un momento no aguantó más, pidió ayuda a su familia para que hablara con él. "Ellos lo terminaron echando de casa. El primer año fue difícil porque me puteaba por cualquier cosa, estaba muy enojado. Fue un camino de construirme otra vez porque una queda muy desvalida y se termina creyendo lo que le dicen. Con el yo muy chico", dice.

Hizo mucha terapia, meditación y trabajo interno. "Ahora estoy bárbara. Pero tenemos un hijo en común y lo veo todo el tiempo. Es un trabajo de todos los días, el animarme a decirle las cosas sin tener miedo, y tratar de generar un buen vínculo como padres".

Yésica: "No es normalque tu papáte trate mal"

"No quiero que viva lo mismo que yo viví, eso no es un ambiente familiar. Estar en tu casa y escuchar que en la cocina se rompen todos los platos, eso no es normal", dice Yésica, de 23 años, refiriéndose al hogar que quiere darle a su hija Brenda, de tres.

En su caso el agresor es su padre. En su infancia los gritos eran la única manera de comunicarse, y vivió diferentes situaciones extremas: su papá queriendo ahorcar a su mamá, su papá arrastrando a su hermana embarazada de los pelos por el pasillo o su papá amenazándola a ella con un revólver.

"Lo que más había era violencia psicológica. De putearme, de decirme que era una puta, que me acostaba con cualquiera, que no servía para nada, en vez de explicarte cómo hacer las cosas reaccionaba mal", dice Yésica, mientras Brenda come a su lado en un local de comida rápida.

En julio de 2013, cuando en una discusión por teléfono su papá le dijo "te voy a matar a vos y a la nena", Yésica decidió hacer la denuncia.

En ese momento estaba haciendo un curso de Promoción de Recursos Humanos en el Gobierno de la Ciudad, y la charla de violencia de género le hizo un clic. Le contó su historia a la profesora que es abogada, y la ayudaron a hacer la denuncia.

Todavía rehenes del vínculo con su padre, su madre y su hermana declararon en su favor. "Ellas lo tienen naturalizado. A mí el curso me ayudó muchísimo. Yo veía en la primaria que los papás de mis compañeras no las trataban así. Y mi papá estaba con cualquier mujer y nos trataba mal", dice Yésica.

Hizo todo lo posible por proteger a su hija. Se fue de la casa de su madre a un refugio del gobierno porteño, después a un parador y finalmente a un hotel.

"El miedo sólo te hace seguir al lado de la persona que es violenta. Las mujeres tienen que irse por sus hijos, si los tienen. Y si no, por ellas mismas".

Atención a Víctimas de Violencia Familiar y Sexual, en Ciudad de Buenos Aires. Es atendida por profesionales especializados que, ante una emergencia o urgencia, ofrece el acompañamiento de un equipo formado por psicólogos y trabajadores sociales que llegan a la escena de violencia con personal policial.

En qué lugares se puede pedir ayuda

Líneas gratuitas que atienden 24 horas y entidades que asisten

Hay una salida

En Facebook (Hay Una Salida, Asociación Civil)

Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar:www.aapvf.com.ar

Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer

feim.org.ar

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Violencia de género: de alcance nacional. Brinda contención, información y asesoramiento a quienes sufren la violencia de género en todas sus formas

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Atención a Víctimas de Violencia Familiar y Sexual, en ciudad de Buenos Aires. Ante una emergencia o urgencia, un equipo de psicólogos y trabajadores sociales llegan a la escena de violencia con la Policía

0800-666-8537

Atención a Víctimas de Violencia de Género. Ofrece información, orientación, contención y asesoramiento en aquellas temáticas relacionadas con la violencia doméstica, el maltrato y abuso infanto-juvenil.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/

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