domingo 20 de mayo de 2018 - Edición Nº787
La verdad » Opinión » 2 ene 2015

Recuperar el equilibrio económico

Tribuna.Ricardo Esteves


Por:
www.clarin.com

Hace por lo menos 70 años que la Argentina gasta más de lo que produce. Ejemplo: un Estado que recauda 70 y gasta 100 –eso se llama déficit fiscal- y una sociedad que produce bienes y servicios por 250 y consume por 300.
Esta ha sido la realidad estructural de la Argentina: vivir con desequilibrios. En un contexto así, no hay margen ni recursos para la inversión, por tanto, el único destino posible es el estancamiento. Lo excepcional y esporádico han sido los breves lapsos de equilibrio macroeconómico, como el derivado de la crisis del 2002, que coincidió con los primeros años del kirchnerismo.
Los equilibrios macroeconómicos no son un invento perverso del neoliberalismo, es la fórmula que encontró la humanidad para progresar económicamente.
Lograr equilibrios implica que la sociedad reserve una parte de sus ingresos para inversión. Es decir, que consuma menos que el total de bienes y servicios que genera para destinar ese sobrante a la inversión.
Un alto nivel de consumo, pero sin inversión, como lo que hemos vivido últimamente, conduce al estancamiento y al aumento de la pobreza. El modelo que no fomente la inversión propicia el rezago social.
Si una empresa reparte todos los años a sus accionistas el total de las utilidades y no destina nada a inversión, sus equipos y maquinas se vuelven obsoletos y perderá terreno con sus competidores.
Hoy el país vive uno de sus momentos de desequilibrios extremos, con un déficit fiscal que ronda el 8% del producto bruto y todas las arcas vacías, victimas del saqueo consumista de los últimos años. Ese déficit a hoy solo puede cubrirse con deuda – que sin arreglar con los hold-outs es inviable – o con emisión sin respaldo (o sea, con inflación) mientras el consumo colectivo excede con creces el valor de la producción.
El crédito puede ser un paliativo transitorio. Si se vuelve un hábito acaba en tragedia.
Si los asalariados logran la eliminación del impuesto a las ganancias que tributaron durante el kirchnerismo y los empresarios del interior la reducción de impuestos que restablezca la rentabilidad de sus actividades para no tener que cerrar sus empresas y dejar gente en la calle, por más legítimos que sean estos reclamos, ellos afectan la recaudación del Estado, lo que agrava aún más el nivel del déficit público.
Las nuevas autoridades se ven atenazadas por un lado, por los distintos sectores que siguen exigiendo sin considerar lo endeble de la coyuntura ni su cuota de responsabilidad en el desquicio. Del otro lado, son acosadas por un cristinismo desfachatado que no tiene las manos limpias para atacar a quienes están iniciando el intento de acomodar los descalabros y las quiebras que dejaron. Y si los aumentos salariales convalidan el actual nivel de gasto colectivo, ¿en qué momento se producirá el equilibrio que permita crear las condiciones para atraer la inversión?
Si la conclusión es que los equilibrios macroeconómicos son políticamente inviables en la Argentina, el país vivirá entre la ilusión y la frustración del estancamiento. Y no alcanzara nunca el desarrollo.
Ricardo Esteves
Empresario y Licenciado en Ciencia Política

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