domingo 20 de mayo de 2018 - Edición Nº787
La verdad » Opinión » 23 nov 2015

A poner el lomo

Por: Alejandro Fantino


Por:
www.infobae.com

Hoy salí de la escuela de Palermo donde voté y una sensación de paz interior me llenó por completo.

En la fila de la mesa que me tocaba, un papá fotografió a su hijo de 16 en su debut como votante porque ese momento debía quedar registrado para su historia personal.

En Malabia y Güemes, una señora de 80 y pico se subió a un taxi ayudada por su bastón después de elegir por su país por enésima vez.

Dos edades, dos vidas, dos cronologías estampadas en nuestra cambiante Argentina.

Y, en medio de ellos, quien escribe esta columna, un tipo de 44 años, un niño en la época oscura de la dictadura, un pre adolescente en la llegada de la democracia, un joven que entraba en la actividad económica en los 90 y dejaba de depender de sus padres y, finalmente, un periodista en esta tarde de noviembre del 2015. En fin, un argentino más, que siente que hay que hacerse cargo de lo que a uno le toca y enviar a las entrañas de la urna un pedacito de opinión de lo que quiere para este amado suelo.

Mientras ceno con mi esposa, la tv me apabulla con porcentajes y, según van cambiando las cifras con el correr del escrutinio, la fórmula ganadora tendría más o menos facilidad para gobernar, según los colegas que analizan.

Veo gente que llora por la derrota y otros que bailan por la victoria.

En las redes sociales, mejor no asomar la nariz: vuelan sillazos como en una pelea en un bar.

Yo, necesito y quiero paz.

En uno de los momentos más álgidos para su país, pues estaba siendo derrotado por Hitler, Winston Churchill sostuvo: "El precio de la grandeza es la responsabilidad", y creo que esta cita nos debería servir de brújula para lo que viene.

Si en los próximos años no actuamos con responsabilidad en cada acto personal, en cada acción, por más pequeña o insignificante que la creamos, siento que será difícil que nos encaminemos a ser lo que desde siempre soñamos.

Somos libres, elegimos, votamos, mandamos nosotros, pero ahora falta lo más difícil: hacernos cargo de que nuestro grano de arena diario pesa más de lo que creemos.

A trabajar, a poner el lomo, a hacer lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos, a ayudar al que ganó, si le va bien a él me va a ir bien a mí y eso es lo que cuenta. Así se piensa en los grandes países y yo siento que vivo en uno de ellos.

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